VSPT Wine Group (Viña San Pedro-Tarapacá) presentó recientemente Tara Pakay, una estupenda mezcla de cabernet sauvignon y syrah del Maipo; y Tabalí, viña asociada al grupo, hizo lo propio con Payen, un syrah del Limarí de gran elegancia y refinamiento.
Por Harriet Nahrwold
Era curioso que San Pedro, siendo la segunda empresa productora y exportadora de vinos de Chile, haya pasado tantos años sin elaborar algunos ejemplares de alta gama. Su tope de línea era Cabo de Hornos, un vino de todas maneras notable y de buena relación precio-calidad. Pero muchos de quienes hemos seguido la trayectoria de esta viña, hace tiempo que esperábamos algo más arriba. Y con mayor razón después de su fusión con Tarapacá. Mal que mal, las 12 marcas que cobija actualmente el paraguas de VSPT Wine Group (Viña San Pedro-Tarapacá) reúnen un abanico de viñedos muy variopinto, entre los cuales seguramente hay fruta de sobra para hacer no uno sino muchos grandes vinos.
Pero la tarea de ordenar el naipe, barajarlo y volverlo a repartir no debe haber sido fácil. Entremedio hubo cambios de enólogos y de ejecutivos, y, ciertamente, también varió la forma en que VSPT decidió mostrarse al mundo. Así es que a nadie debería sorprenderle la aparición de algunos vinos de alta gama con los cuales el holding entrará a reforzar su participación en las grandes ligas ocupando un nicho antes descuidado.
Por ahora, dos muestras: Tara Pakay de Viña Tarapacá y Payen (con acento no escrito en la e) de Viña Tabalí (que, dicho sea de paso, pertenece al grupo sólo en parte: la mitad es propiedad de Guillermo Luksic, quien, de todas maneras, es el principal accionista del conjunto). Ambos vinos son de la mítica cosecha 2007 y están comercializados en el rango de los $35.000.
La grata terraza del piso 27 del edificio de CCU en Vitacura, con su espectacular vista a Santiago, sirvió como marco para la presentación de Tara Pakay. Con una performance algo extravagante, aunque ingeniosa, el enólogo Ed Flaherty se presentó a sí mismo y al vino, una estupenda mezcla de cabernet sauvignon y syrah provenientes de dos sectores diferentes del Valle del Maipo, de parras de buena madurez (plantadas a mediados de los 90) y que casi no necesitan riego. Su nombre, que en idioma quechua significa “árbol escondido”, tiene una armonía sonora con el de la viña, lo que ciertamente le vendrá bien a este ejemplar de mucha fruta negra, con tonos ahumados y especias, además de taninos intensos y potentes. Un gran vino, sin ninguna duda.
Por su parte, Payen (que significa cobre en lengua indígena) se presentó en la galería AMS Marlborough, un espacio que no sólo sirvió para que el vino hiciera su debut, sino también para mostrar la evolución del diseño de la etiqueta, de clara inspiración diaguita. Payen es 100% syrah, elaborado sólo con uvas de los viñedos de Tabalí en el Limarí. Exhibe un impresionante color rubí oscuro y concentrado, tan concentrado como su fruta misma, arándanos y frambuesas no muy maduras. Tiene notas especiadas, toques ahumados y una gran elegancia y refinamiento que ciertamente sólo pueden ganar con la guarda en botella.
Pero más allá del vino, fue muy grato encontrar en esta presentación a Felipe Müller, el encantador enólogo de Tabalí. Lo conozco “de potrillo”, como dice la canción, desde que era el asistente y mano derecha de Marcelo Retamal en De Martino. Ha madurado bien, como los buenos vinos, y está volando con alas propias, y en lo personal, eso siempre da gusto. ¡Felicitaciones, y que de su mano y de esa zona sigan apareciendo cada vez mejores vinos!

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